martes, 24 de noviembre de 2009

Isaac Rosa dixit.



Vamos creciendo en miedos. Son acumulativos. Nos estamos convirtiendo en una sociedad gobernada por ellos. Está presente en muchas formas: miedo al terrorismo, a la delincuencia, a los pederastas; y otros relacionados con la sanidad, la alimentación, la crianza, los viajes. Vivimos en una sociedad asustada.
Es una situación paradójica porque somos la sociedad más segura de la historia y, sin embargo, somos la sociedad más obsesionada con la seguridad. Cuanto más seguros objetivamente estamos, más inseguros subjetivamente nos sentimos, y demandamos más protección.
Es una forma de control. El sentido de todo poder político es que la ciudadanía se sienta amenazada, y van actualizando esos miedos porque necesitan que nos sintamos vulnerables. Que necesitemos de ellos. Es un uso por parte del poder político, pero también de cómo el Estado está fracasando en aquello en lo que prometía protegernos, y nos ofrece otro tipo de protección. Nos distrae de las inseguridades reales y nos hace pensar en otras como si fueran más graves.


Isaac Rosa.
Entrevista con motivo de la publicación de su obra El país de los miedos.
(Imagen de Grete Stern)

sábado, 21 de noviembre de 2009

Camus dixit.

En los misterios de Eleusis, bastaba contemplar. Aquí mismo, sé que nunca me aproximaré suficientemente al mundo. Necesito estar desnudo y hundirme luego en el mar, perfumado todavía por las esencias de la tierra, lavarlas en él y atar sobre mi piel el abrazo por el cual suspiran, labio a labio, desde hace tiempo, la tierra y el mar. Inmerso en el agua, sobrevienen el escalofrío, la subienda de una liga fría y opaca; la zambullida, luego, con el zumbido de los oídos, la nariz manante y la boca amarga –nadar: sacar del mar los brazos barnizados de agua para que se doren al sol y sumirlos de nuevo en una torsión de todos los músculos; el curso del agua sobre mi cuerpo, esa tumultuosa posesión de la onda por mis piernas– y la ausencia de horizonte. En la playa, es la caída sobre la arena, abandonado al mundo, de vuelta a mi peso de carne y huesos, embrutecido de sol, teniendo, de vez en cuando, una mirada para mis brazos en donde las charcas de piel seca descubren, al deslizarse el agua, el vello rubio y el polvillo de sal.


Albert Camus.
Bodas en Tipasa.
Emily Loizeau - Pays sauvage