sábado, 23 de enero de 2010

Némirovsky dixit.

Piense lo que quiera. Imagine lo que le guste. Sueñe. Yo también sueño, todas las noches de Dios. Pero no con las historias de los demás, no... Con las mías, con mi sangre, con lo que me toca de cerca. Usted también sueña con su sangre... Sólo te hace sufrir la propia sangre, la sangre de la que has salido, la carne y la sangre que te ha engendrado. Los líos de mujeres, los líos de dinero, eso pasa, se olvida; pero cuando están mezclados los tuyos, una sola gota de sangre común lo envenena todo.

Irene Nemirovsky.
El maestro de almas.

miércoles, 20 de enero de 2010

Kundera dixit.

Niños, vosotros sois el futuro, dijo y yo sé ahora que aquello tenía un sentido distinto de lo que pudiera parecer a primera vista. Los niños no son el futuro porque algún día vayan a ser mayores, sino porque la humanidad se va a aproximar cada vez más al niño, porque la infancia es la imagen del futuro. Niños, no miréis nunca hacía atrás, decía y quería decir que no debemos permitir nunca que el futuro se hunda bajo el peso de la memoria. Tampoco los niños tienen pasado y ese es el secreto de la encantadora inocencia de su sonrisa.
(…)
A pesar de mi escepticismo me ha quedado algo de superstición. Por ejemplo esta extraña convicción de que todas las historias que en la vida ocurren tienen además un sentido, significan algo. Que la vida, con su propia historia dice algo sobre sí misma, que nos devela gradualmente alguno de sus secretos, que está ante nosotros como un acertijo que es necesario resolver. Que las historias que en nuestra vida vivimos son la mitología de esa vida, y que en esa mitología está la clave de la verdad y del secreto. ¿Que es una ficción? Es posible, es incluso probable, pero no soy capaz de librarme de esta necesidad de descifrar permanentemente mi propia vida.

Milan Kundera.
La broma.

jueves, 14 de enero de 2010

El sueño del mar

Si alguien me preguntase por el deseo de mis preferencias, sin dudarlo respondería: Soñar con el mar. Pero no sueño. En raras, muy raras ocasiones, al despertar presiento que un ave gigantesca ha cruzado la geografía que ocuparían mis ensoñaciones si tuviera ensoñaciones. No sueño con el mar, por ello hay mañanas que me despierto con la angustia de ser –un absurdo- el desposeído del mar. De niño tenía ocurrencias muy extrañas. Me recreaba horas y horas pensando en la posibilidad de construir un espejo, una máquina catóptrica de enormes dimensiones. Hecha, la colocaría frente al Mediterráneo, y yo, así lo exigía el delirio imaginativo, galoparía sobre un caballo, el caballo de Aquiles, entre el espejo y su reflejo.

Cosmología esencial.
Rafael Pérez Estrada.
.............................................Necesito con urgencia Sal y Sol



miércoles, 13 de enero de 2010

Sábato dixit.

¿Para qué sufrir?. El suicidio seduce por su facilidad de aniquilación: en un segundo, todo este absurdo universo se derrumba como un gigantesco simulacro, como si la solidez de sus rascacielos, de sus acorazados, de sus tanques, de sus prisiones no fuera más que una fantasmagoría, sin más solidez que los rascacielos, acorazados, tanques y prisiones de una pesadilla. La vida aparece a la luz de este razonamiento como una larga pesadilla, de la que sin embargo uno puede liberarse con la muerte, que sería así, una especie de despertar. Pero despertar a qué? Esa irresolución de arrojarse a la nada absoluta y eterna me ha detenido en todos los proyectos de suicidio. A pesar de todo, el hombre tiene tanto apego a lo que existe, que prefiere finalmente soportar su imperfección y el dolor que causa su fealdad, antes de aniquilar la fantasmagoría con un acto de propia voluntad. Y suele resultar, también, que cuando hemos llegado hasta ese borde de desesperación que precede al suicidio, por haber agotado el inventario de todo lo que es malo y haber llegado al punto en que el mal es insuperable, cualquier elemento bueno, por pequeño que sea, adquiere un desproporcionado valor, termina por hacerse decisivo y nos aferramos a él como nos agarraríamos desesperadamente de cualquier hierba ante el peligro de rodar en un abismo.

Ernesto Sábato.
El túnel.

sábado, 2 de enero de 2010

Angina de pecho


Si la mitad de mi corazón está aquí doctor,
La otra mitad está en China,
Con el ejército que baja hacia el río amarillo.
Además, doctor, todas las mañanas,
Todas las mañanas al amanecer,
Mi corazón es fusilado en Grecia.
Además, cuando los presos se hunden en el sueño,
Cuando los últimos pasos se alejan de la enfermería,
Mi corazón, doctor, se va…
Se va hasta una vieja casa de madera en Estambul.
Además, doctor, en estos diez años
Con las manos sin nada que ofrecer a mi pobre pueblo,
Apenas una manzana,
Una manzana roja, mi corazón.
Es por todo eso, doctor,
Y no por la arterioesclerosis, la nicotina, la prisión,
Que tengo esta angina de pecho.
Yo miro la noche a través de los barrotes
Y, a pesar de todos estos muros que me oprimen el pecho,
Mi corazón palpita con la estrella más lejana.

Nazim Hikmet