jueves, 22 de abril de 2010

Eberhardt dixit.

Nómada fui cuando de pequeña soñaba contemplando las carreteras, nómada seguiré siendo toda mi vida, enamorada de los cambiantes horizontes, de las lejanías aún inexploradas, porque todo viaje, incluso en las regiones más frecuentadas y más conocidas, es una exploración.

Isabelle Eberhardt



sábado, 17 de abril de 2010

Acid in your ice cream


Zach Jonhsen

De la piel patra dentro empieza mi exclusiva jurisdicción. Elijo yo aquello que puede o no cruzar esa frontera. Soy un estado soberano, y las lindes de mi piel me resultan mucho más sagradas que los confines políticos de cualquier país.

Anónimo contemporáneo.

domingo, 11 de abril de 2010

Huxley dixit.



- Y ahora ha llegado el momento del descenso, el momento del segundo tramo del yoga del peligro, el momento de renovación de la tensión y de conciencia de la vida en su resplandeciente plenitud, cuando uno pende precariamente sobre el abismo de la destrucción. Y entonces, al pie del precipicio, uno se quita la cuerda, baja a zancadas, por le rocoso sendero, hacia los primeros árboles. Y de pronto se encuentra en el bosque, y surge otro tipo de yoga: el yoga de la selva, que consiste en tener conciencia total de la vida en el punto próximo, de la vida selvática en toda su exuberancia y putrefacción, en toda su suciedad reptante, en toda su dramática ambivalencia de orquídeas y ciempiés, de sanguijuelas y colibríes, de bebedores de néctar y bebedores de sangre. La vida que produce el orden de entre el caos y la fealdad, que ejecuta sus milagros de nacimientos y crecimientos, pero que los ejecuta, al parecer, nada más que para destruirse. Belleza y horror, belleza -repitió- y horror. Y luego, de repente, cuando uno desciende de una de sus expediciones a la montaña, de repente sabe que existe una reconciliación. Y no sólo una reconciliación. Una fusión, una identidad. Belleza fundida al horror del yoga de la selva. Vida reconciliada con la perpetua inminencia de la muerte en el yoga del peligro. Vacío identificado con el propio ser en yoga sabático de la cumbre.

Aldous Huxley.
La isla.

domingo, 4 de abril de 2010

Nothomb dixit.

- Si un invitado muere repentinamente en su casa, sobre todo no llame a al policía. Llame a un taxi y pídale que les lleve, a usted y a ese amigo que se siente indispuesto, al hospital. El fallecimiento no será certificado hasta llegar a urgencias y de ese modo podrá demostrar, con la ayuda de testigos, que el individuo en cuestión murió por el camino. Gracias a lo cual, le dejarán en paz.
- Por lo que a mí respecta, nunca se me ocurriría llamar a la policía, sino a un médico.
- Da lo mismo. Están conchabados. Si alguien a quien no está demasiado unido sufre un ataque cardiaco en s domicilio, usted será el primer sospechoso.

[...]

- ¿No está llevando la paranoia un poco lejos?
- Desde Kafka, está demostrado: si no eres paranoico, eres culpable.
- En ese caso, mejor no invitar a nadie.
- Me gusta oírselo decir. Sí, mejor no invitar a nadie.
- Entonces, caballero, ¿qué estamos haciendo aquí?
- Somos invitados, no invitamos a nadie. Somos unos chicos listos. ¿Acaso nuestros anfitriones nos aprecian tanto como para correr el riesgo de que vayamos a morir en su casa?

Amélie Nothomb.
Ordeno y mando.