martes, 31 de agosto de 2010

Riechmann dixit.

A medida que nos acercamos
rápidamente al final descubrimos
que se halla desplazado levemente
con respecto al lugar que le asignábamos antes
aunque mucho más cerca.

Meneamos
los hielos y el licor,
nos recreamos en el tintineo

El optimismo, un conjuro impotente,
una alacena vacía, un rictus
en la boca post-mortem del difunto.

Es dulce el tintineo,
se halla también levemente desplazado.

El día que dejé de leer El País.
Jorge Riechmann.

No hay comentarios:

Publicar un comentario