miércoles, 24 de noviembre de 2010

Vila-Matas dixit.

Tal vez lo que he hecho es ir apoyándome en citas de otros para ir conociendo mi exiguo territorio propio de un subalterno con algunos destellos vitales y al mismo tiempo descubrir que nunca llegaré a conocerme mucho a mí mismo –porque la vida no es una unidad con un centro, “la vida” decía Nietzsche, “ya no reside en la totalidad, en un Todo orgánico y completo”-, pero en cambio podré ser muchas personas, una pavorosa conjunción de los más diversos destinos y un conjunto de ecos de las más variadas procedencias: un escritor tal vez condenado, tarde o temprano –obligado por las circunstancias del tiempo que le ha tocado vivir-, a practicar, más que el género autobiográfico, el autoficticio, aunque para que me llegue la hora de esa condena cabe esperar que me falte mucho, de momento estoy enzarzado en un entrañable homenaje a la Veracidad, metido en un esfuerzo desesperado por contar verdades sobre mi fragmentada vida, antes de que tal vez me llegue la hora de pasarme al terreno de la autoficción, donde sin duda, si me queda otra salida, simularé que me conozco más de lo que en realidad me conozco.
 
Enrique Vila-Matas